La ciudad que tiene cien escenarios abiertos y no da segundas oportunidades

Expresándolo una manera vasta e imprecisa, los artistas que me interesan y viven lo suficiente, afrontan su época de madurez con una regresión al género. Tocan techo de expresividad y manierismo juvenil, y eso propicia cierto vacío en el que el refugio natural está en las profundidades de la música de canon. De la misma manera, los artistas que no me interesan, en ese mismo punto tienden a hacerse los interesantes, reniegan del rock o de cualquier otro vehículo musical establecido, intentan pasar por sofisticados y se dedican a facturar pompa y creatividad de tercera.

El género cierra las puertas de salida dejando un espacio interno inmenso. Para el que sabe verlo, las limitaciones abren los ojos. Cuando todos conocemos el nudo, planteamiento y desenlace, uno debe centrarse en la selección de la historia, en la expresión necesaria y en los entramados internos…Resaltan los buenos músicos, los que son capaces de construir diálogos sobre la base rítmica, los que enlazan melodías que suenan como un recuerdo, los que arreglan ayudando a la continuidad narrativa cual pequeños resortes mecánicos. Pues bien, en los Greyhounds brillan una serie de músicos puestos a disposición de la canción y en el grado de madurez exacto para servir al patrón, y no para servirse de la música a su lucimiento.

Frente a apropiaciones de la modernidad cultural, como el americanismo estético y las alusiones obvias, como citar a Hank Williams, Gram Parsons o los Highwaymen al completo como todas sus referencias, los Greyhounds aman a los Outlaws country y al padre de la american cosmic music pero también maman de Jimmie Rodgers o Doc Watson, comparten el orgullo de la pertenencia country de George Jones, la herencia de establo y granja de Buck Owens, alzan la misma bandera del establishment country que Dolly Parton sin vergüenza o cruzan la frontera “conjunto” a Freddie Fender o Doug Sahm.

La música country es un universo, un envoltorio que cobija tanto al cristianismo como al pastel de manzana, a la carretera y al suicidio, a la química y al “yeehaw”, a la autoparodia y al existencialismo, un camino de más de cien años que lleva al jornalero hasta las luces de la ciudad. Ambiciosos músicos estos Greyhounds, intentan abarcar un mundo y situarlo en un escenario, resumiendo más de un siglo de música americana con parámetros firmes pero variantes infinitas y poniéndolo a disposición de las salas de concierto.

Se ve que hacen esto no sólo porque lo aman, sino porque no pueden evitarlo. Ya basta de prejuicios baratos sobre el country pop de Nashville, esta banda recupera a la Babilonia del Hillbilly que Nashville fue, la ciudad que tiene cien escenarios abiertos y no da segundas oportunidades. Escuchen country music, contraten a los Greyhohunds.

Álvaro Vitoria Contrabajo y prologuista.

2 comentarios
  1. diego
    diego Dice:

    ¿Habéis hablado con Manolo Fernández de “Toma 1”? Estaría bien que os diera cancha en su programa de Radio 3. Que vean que en La Rioja no sólo cantamos jotas, también country. Y eso que las jotas son muy country, pero del nuestro ¿eh?

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